12.16.2008

Mortalmente Parecidos (1988)… Otra gracia de David Cronenberg


La primera vez que vi esta película fue en el desaparecido Cine Gran Vía de Antofagasta. Fui junto a Adriana Zuanic, que también alababa el cine de David Cronenberg, un canadiense de mente retorcida y bastante aficionado a lo grotesco de los órganos, a la decadencia de la carne, al complejo modus operando de la mente humana al momento de infiltrarse en ciertas zonas oscuras y difusas de los terrores más profundos y primigenios que continúan siendo los mismos, sin importar cuánta tecnología, evolución y avances nos hagan pensar lo contrario.

Desde sus inicios el cine de Cronenberg ha tenido que ver con estos tópicos, con la obsesión, la caída, el miedo, el paroxismo psicológico… No el miedo ese se sobresaltos, sangre gratuita y alaridos femeninos a medianoche. El canadiense va más allá, y aunque utiliza escenas de fuerte contenido, sabe cómo y cuándo lanzarlas, convirtiéndolas en exquisitos momentos de clímax. No es miedo ese de películas de adolescentes. Es un miedo mucho más parecido al verdadero horror con algunas dosis de asco y rechazo visceral. Sí, porque en Cronenberg encontramos lo peor del ser humano, sus acciones más aberrantes, sus pasiones más bajas e indignas. Y Mortalmente Parecidos no es la excepción. Es más, personalmente la considero una de sus obras cumbres. Les explico por qué.

En primer lugar, la increíble actuación de Jeremy Irons en el doble papel de los gemelos Eli y Bev Mantle. A poco andar, el espectador ya olvida que es un solo actor y de verdad siente que está en frente a dos personajes totalmente diferentes, obra y gracia del talento de Irons que se desenvuelve como pez en el agua en el rol de ambos médicos ginecólogos cuya vida de lujo y elegancia es decorada por constantes amoríos con hermosas mujeres que comparten sin que ellas se den cuenta. La razón es que mientras Eli es canchero y entrador, Bev es más bien retraído y silencioso. Todo bien hasta la aparición de la actriz Claire Niveau (Génevieve Bujold) de la que Bev se enamora perdidamente, cayendo también en el consumo de pastillas a los que la mujer es aficionada. Este hecho será el que comenzará a desencadenar una serie de hechos que llevarán a Bev a creer que atiene mujeres de úteros y trompas mutantes y a Eli a pensar que la única forma de sacar a su hermano de aquel calvario, es sumergiéndose también en él.

La fotografía es de ensueño. Da la impresión que cada plano es una viñeta perfectamente encuadrada. No hay absolutamente nada que ensucie la prístina imagen de ambos hermanos, lo que en cierta forma nos da la impresión de estar viendo constantemente un quirófano en donde los personajes son meros sujetos de experimentación. Es esa superficial frialdad la que permite observar con más claridad y adentrarse con mayor libertad en la caída de ambos médicos, mientras algunas escenas de antología nos estremecen en nuestras butacas: Eli recordando la historia de los siameses Chang y Eng; ambos ginecólogos bailando juntos en la sala del apartamento, sólo separados por el cuerpo de una mujer que danza entre ellos; Bev bajo la ducha del baño, totalmente drogado y alejado de la realidad…

Cronenberg no deja nada al azar. Cada diálogo, cada escena, cada pisada parecen ser calculadas con frialdad. Nada falta y nada sobra, como una sinfonía perfecta acerca de la decadencia de ambos hermanos, interpretada magníficamente por cada uno de los actores y el equipo técnico que, vale la pena recordar, es casi el mismo que trabaja con él desde sus primeras películas, a excepción del director de foto, Peter Suschitzky, cuyo mayor logro hasta la fecha había sido Star Wars Episode V: The Empire Strikes Back y que desde esta película trabaja codo a codo con Cronenberg.

Es un manjar, no hay duda alguna. De comienzo a fin es una película cabezona, densa, que te sumerge en un mundo extraño, un tanto ajeno, pero aún creíble y espantoso. Sin abusar de efectos y apoyándose sobre las soberbias actuaciones de Irons y la Bujold, sobre un tratamiento fotográfico envidiable y en los hombros de diálogos sólidos, Mortalmente Parecidos es una de esas joyitas que todos deberían ver y tener en su colección y como película de cabecera. Bueno, como casi toda la filmografía de Cronenberg…

LA PELICULA
Mortalmente Parecidos
(Dead Ringers)
1983
115 minutos
Dirigió David Cronenberg
Escribieron David Cronenberg y Norman Snider, en base a la novela Gemelos de Bari Wood y Jack Geasland
Produjeron Marc Bolsom y David Cronenberg
Editó Ronald Sanders
Música de Howard Shore
Fotografía de Peter Suschitzky
Actuaron Jeremy Irons, Genevieve Bujold, Heidi Von Palleske, Barbara Gordon, Shirley Douglas, Stephen Lack, Nick Nichols, Lynne Cormack y varios extras canadienses a los que ni se les ve la cara…

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