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10.20.2009

Felicidad (1998)... Más allá del baile de las máscaras


Hablar de Todd Solondz es hablar de un director cuya obra (escasa en cantidad pero contudente en calidad) es raramente conocida por estos lares. Ni su premiada Welcome to the Dollhouse (1995) ni Storytelling (2001), quizás su obra más "conocida", ni Palindromes (2004), su más reciente producción, han alcanzado el gran público y con cierta razón, pues no es fácil ver el cine de Solondz, cargado de todas las complejidades, vicios y confictos del ser humano.

Quizás es por eso que se hace difícil ver a Solondz. Claro, no cualquiera está acostumbrado a enfrentarse a personajes que pueden mostrar lo peor de nosotros, donde no hay héroes ni momentos delicados y épicos; donde cada uno esconde secretos tan terribles como la vida misma. Y es ahí donde destaca el magistral talento de este director gringo que saca ronchas con guiones que exploran la soledad, la falta de amor y compromiso, el temor a un mundo que se hace cada vez más inclemente e impiadoso y que, en fin, también atisba con seriedad y crudeza, nuestros peores defectos y vicios.

Todas estas temáticas se aprecian claramente en Felicidad, el tercer filme de Solondz que reúne a un reparto espectacular en torno a un drama coral cuyo trasfondo no es sólo develar qué se oculta tras el irónico título de la peli, que no es más que una careta de las realidades que vamos conociendo minuto a minuto, si no que ahonda en la problemática de las relaciones de pareja, la inestabilidad emocional y la necesidad de ser aceptados tal y como somos. Todo esto, en base a tres tramas principales intercaladas, tratadas con sobriedad y en base a un guión contundente.

A poco andar de la peli, ya conocemos a las hermanas Jordan. Joy (Jane Adams), la mayor, de profesión músico, pero que reparte sus días entre un trabajo serio y estable vendiendo teléfonos y clases para inmigrantes, ocupación que cubre todas sus necesidades espirituales. Es la soñadora del trío y la que aún cree en los príncipes azules. Trish (Cynthia Stevenson), la del medio, abnegada ama de casa, tiene una vida perfecta junto a su marido Bill (Dylan Baker) y su hijo. Una casa hermosa, muebles impecables, no le falta dinero, mantiene todo en orden... en fin, lo que toda mujer de clase media y educación católica sueña desde chiquita. Helen (Lara Flynn Boyle), la menor, es una exitosa y bellísima escritora, adorada y envidiada por todos. Quizás por eso mira al resto del mundo de los hombros para abajo. También parece tener una vida de los más happy... Pero nada es lo que parece...

Joy no tarda en embarcarse en una sórdida aventura amorosa con uno de sus estudiantes llamado Vladimir (Jared Harris), que resulta ser un taxista estafador y manipulador. Trish intenta mantener una realidad que se cae a pedazos cuando el espectador descubre que Bill es un impulsivo pedófilo y Helen que en la intimidad, no es más que una mujer solitaria en busca de amor, que se excita con las llamadas obscenas de Allen (Philip Seymour Hoffman), un vecino tímido que no encuentra mejor manera para demostrar sus sentimientos...

Así, se van sumando sucesivos hechos, algunas otras anécdotas y un par de sabrosas historias paralelas (incluyendo la de un cadáver en un refrigerador), las que redondean uno de los mejores productos fílmicos de los 90, por lo menos, en lo que al ambiente gringo se refiere. Una película llena de elementos que en ves de atropellarse y opacarse, se potencian de la mano de excelentes actuaciones, diálogos sencillos pero contundentes y la firme dirección de Solondz que es capaz, con Felicidad, de ponernos un espejo bastante realista en frente y provocarnos la más variada gama de sensaciones en poco más de dos horas...

Totalmente recomendable, tanto para re-verla, como para deleitarse por vez primera...

LA PELICULA
Felicidad
(Happiness)
1998
134 minutos
Dirigió y escribió Todd Solondz
Produjeron David Lynde y James Schamus
Fotografía de Maryse Alberti
Editó Alan Oxman
Música de Robbie Kondor
Actuaron Lara Flynn Boyle, Jane Adams, Cynthia Stevenson, Dylan Baker, Philip Seymour Hoffman, Jared Harris, Camryn Manheim, Ben Gazzara, Louise Lasser, Jon Lovitz, Molly Shannon y un largo etcétera...

7.23.2009

LAS PELICULAS QUE OLVIDAMOS: Andrei Rublev (1966)


Me costó decidirme no sólo por cuál película de Andrei Tarkovsky incluir primero en este blog, si no que también por empezar a hablar del mismo Tarkovsky, un tipo que a pesar de la censura soviética en tiempos de la Guerra Fría y de la falta de recursos para producir sus películas, se las arregló para crear algunas de las cintas más memorables de la historia del cine.

Su carrera la empezó con La Infancia de Iván (1962) que dejó la tendalá en Cannes y que lo puso bajo la férrea y tiránica mirada de las autoridades soviéticas que, en cierta forma, le hicieron la vida imposible desde ese entonces, cortándole fondos, obigando nuevos cortes más ad-hoc a lo que el Kremlin quería mostrar al resto del mundo. De hecho, Andrei Rublev, la cinta que nos convoca en esta ocasión, fue exhibida en Cannes el año 67, pero a la hora del níspero para que el jurado no pudiera verla y así, pasar inadvertida, aunque a pesar de estas medidas, la peli se ganó el Premio de Crítica ese año. Sólo el 71 tuvo distribución internacional después que el gobierno le metió mano y obligó una nueva edición, ganando otros tantos premios en varios festivales europeos.

Tarkovsky es un poeta de las imágenes, un simbolista etéreo que instauró escuela. Si se hace un listado de los mejores cineastas de todos los tiempos, de seguro Tarkovsky estaría siempre entre los primeros diez. Amigo de los planos secuencia de larga duración, de oscuros juegos fotográficos, de guiones enrollados y extremadamente cuidadoso al momento de hacer cada cuadro, sus obras resultan un deleite para el paladar cinéfilo de inicio a fin, tanto por el tratamiento visual como por la poética inherente a cada uno de sus diálogos, elementos que mantuvo con firmeza a lo largo de toda su obra en la que destacan JOYAS (sí, con mayúsculas) como Solaris (1972), Stalker (1979) y El Sacrificio (1986), estrenada el mismo año de su deceso.

En Andrei Rublev relata de forma bastante particular y personal, los momentos culminantes de la vida de este poco conocido monje-artista del siglo XIV. Desde su infancia hasta su muerte, Tarkovsky nos sumerge con mucho cuidado en la vida de este genio de los vitrales que recorrió gran parte de Rusia no sólo desarrollando su arte, si no que también compartiendo e incrementando sus conocimientos religiosos. Pero no es una biografía a secas. Tarkovsky rescata sólo los momentos más relevantes: la turbia relación con su maestro, su relación con la gente, su contribución a la decoración de la catedral de la Asunción y otros momentos más íntimos y místicos. Filmada en cuidadoso blanco y negro, el espectador se llevará una agradable sorpresa al momento de develar en color el trabajo vitralístico de Rublev...

A través de estos pasajes, conocemos a Rublev, su pasión, su trabajo, sus dudas. También conocemos el mundo oscurantista que lo rodea y el paisaje rural de todo un país. Las pinceladas de Tarkovsky son fuertes y a la vez tenues, y cada escena rodea a Rublev con misericordia u opresión de acuerdo a cada etapa de su vida, convirtiendo el metraje de la peli en una alucinante muestra de buen cine y envidiable tratamiento de la imagen, el tiempo y el espacio fílmico.

Un manjar. Lástima que no sea tan fácil de conseguir, pero vale la pena hacer el esfuerzo. Les dejo un pedacito de la peli aquí para que se tienten...

LA PELICULA
Andrei Rublev
(Андрей Рублёв)
1966
186 minutos (el corte original era de 205 minutos)
Dirigió Andrei Tarkovsky
Produjo Tamara Ogorodnikova
Escribieron Andrei Tarkovsky y Andrei Konchalovsky
Fotografía de Vadim Yusov
Música de Svyatcheslav Ovchinnikov
Actuaron Anatoli Solonitsyn, Ivan Lapikov, Nikolai Grinko, Irma Rausch, Nikolai Burlyayev y un montón de extras rusos...